Capítulo 3 · §3.6 · No-Localidad y Entrelazamiento

Coincidencias que ningún guion explica.

Doscientas mediciones bastan para que dos partículas coincidan más de lo que cualquier acuerdo previo puede explicar. No necesitas saber física para verlo con tus propias manos.

Frente a ti hay dos esferas: Alice y Bob. Son dos partículas que viajaron juntas, se separaron, y siguieron caminos opuestos. Aunque Alice esté en un laboratorio y Bob en otro al otro lado del país, comparten un pasado común. Cuando los midas, vas a poner a prueba qué tan profundo llega ese pasado compartido.

Imagina que en lugar de partículas son dos monedas gemelas. Antes de separarse, alguien podría haber acordado una regla simple: «tú das cara, yo doy sello». Cada moneda se llevaría su instrucción y, cuando las miremos en la misma dirección, siempre dará el resultado opuesto al de la otra. Cara y sello, sello y cara. No hay misterio: hubo un acuerdo previo. Eso es lo que llamamos un guion. Las monedas no se comunican entre sí; ya traen escrito qué hacer en cada caso.

Es una historia tranquilizadora. Y es la historia que Einstein prefería contar sobre el mundo cuántico. Si los resultados están decididos de antemano, no hace falta nada extraño: las partículas viajan con sus instrucciones, las medimos, y descubrimos lo que ya estaba ahí. La aleatoriedad sería solo nuestra ignorancia del guion.

Aquí tienes tres direcciones para mirar cada partícula: los botones D1, D2, D3. Cuando elijas la misma dirección para Alice y Bob, vas a ver siempre opuestos: la anti-correlación perfecta que el guion también predeciría. Pero cuando elijas direcciones distintas, algo se rompe. Las partículas coinciden más a menudo de lo que cualquier guion previo puede permitir. La línea naranja del panel marca el techo: 66.7%. Ese es el máximo absoluto de coincidencias que cualquier conjunto de instrucciones previas puede producir cuando mides en direcciones distintas. No es estimación, es un techo matemático. La cuántica predice 75%. Cuando dispares varias ráfagas, vas a ver tu barra cruzar la línea naranja y quedarse por encima.

Aquí hace falta una precaución antes de seguir, porque la lectura más fácil es la equivocada. Si Alice y Bob coinciden más de lo permitido por cualquier guion, es tentador imaginar que se están comunicando: que cuando mides a Alice, ella le manda una señal a Bob para coordinarse. No es eso. No hay señal viajando entre ellas; la relatividad lo prohíbe y sigue intacta. Si filmaras a Alice y a Bob simultáneamente, no encontrarías ningún mensaje pasando entre los dos laboratorios. Lo que cae no es la prohibición de comunicarse: es la idea de que cada partícula traía sus respuestas pre-empacadas. Alice y Bob no son dos cosas con instrucciones independientes que casualmente concuerdan. Son una sola realidad repartida en dos lugares, y esa realidad no estaba escrita antes de la medición.

El físico David Bohm fue quien reformuló la propuesta original de Einstein, Podolsky y Rosen —planteada en 1935 con variables continuas, como posición y momento— en este experimento con espines que cualquiera puede simular. Y John Bell, treinta años después, fue quien encontró el techo del 66.7% y demostró que no hay forma de escabullirse: o las partículas guardaban un guion imposible, o nunca hubo guion. Cuando tu barra cruce la línea naranja, y la va a cruzar, habrás comprobado con tus propias manos que el realismo local, la idea de que las cosas tienen valores definidos antes de medirlas y de que nada las conecta más allá de las señales que viajan a la velocidad de la luz, no sobrevive a esta tabla. Algo que dabas por evidente sobre lo real tiene que ceder.

Elige una dirección para cada partícula. Dispara una ráfaga o dos en direcciones distintas y mira cuánto coinciden. La línea naranja es el techo que ningún guion puede pasar.

Para profundizar

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La guía completa desarma el experimento paso a paso: por qué el mismo eje da anti-correlación perfecta, de dónde sale el techo clásico del 66.7%, por qué la cuántica llega al 75%, y por qué nada de esto es comunicación instantánea.

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Tres gestos para leer el experimento

Dónde aparece la contradicción.

  1. 01

    Mismo eje

    D1-D1, D2-D2 o D3-D3: las partículas dan siempre opuesto, sin excepción. Esa anti-correlación perfecta también la explicaría un guion previo.

  2. 02

    Ejes distintos

    D1-D2, D2-D3 y las demás combinaciones cruzadas: la cuántica predice 75% de coincidencias. El techo clásico es 66.7%.

  3. 03

    Ráfaga ×50

    Dos o tres ráfagas en ejes distintos bastan para que la barra supere la línea naranja y el guion quede refutado.

Lecturas y fuentes

Para seguir el hilo EPR-Bohm.

El experimento es la pregunta

Si la realidad no estaba escrita, ¿qué era?

Esa pregunta es la que el Capítulo 3 · §3.6 de Tejidos de Vibración recoge — no para responderla con misticismo, sino para mostrar dónde la física se queda en silencio y por qué ese silencio tiene su propia gramática. La Obertura del libro es el lugar para seguir el hilo.

Las otras estaciones del laboratorio son la Cymática (Cap. 1 · §1.3) — la frecuencia se vuelve forma —, los Orbitales (Cap. 2 · §2.4) que muestran que la materia es vibración encerrada, el Campo Cuántico Personal (Cap. 3 · §3.4), y la Doble Rendija (Cap. 7 · §7.1) donde el acto de mirar cambia lo observado. El entrelazamiento es la no-localidad que une todo lo demás.

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